Desearía, en este mismo instante, partir a correr. Y correr, y no parar, hasta que el corazón me pidiera auxilio, y escuchara sus quejidos, sin respiración. Parar en seco, coger aire muy hondo, hasta reventar mis pulmones y gritar fuerte; muy fuerte. Tanto, como para quedarme sin voz años y años. Simplemente por probar, por descargar esta furia que me corroe. Simplemente por buscar tranquilidad en mis días, o, no sé; felicidad...

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