- Eh, ¿dónde estabas? ¡Llevo todo el día buscándote!
+ Aquí.
- ¿Llevas todo el día ahí? Sentada, en un banco, ¿sin más?
+ Sí.
- ¿Y qué hacías aquí?
+ Intentar huir.
- ¿De qué?
+ De quién, dirás.
- Pues... ¿De quién?
+ De ti.
- ¿De mí?
+ Sí, de ti; de tus largos besos; de tu hermosura; de tu forma de enamorarme cada vez más; de tus abrazos protectores; de la manera en la que me haces confiar en ti; de todo lo que nos une... Huía de ti, pero me has encontrado.
- No lo entiendo, ¿por qué?
+ Porque te conozco.
- Sé que me conoces, es normal, después de tanto tiempo juntos. Pero, ¿a qué te refieres con eso?
+ No quiero enamorarme de ti. Y te conozco, y sé que seguirás así, hasta que un día, sin motivo ninguno, desaparezcas. Por eso huyo, porque sé que pronto no estarás en mi vida. Porque no quiero que te vayas. Porque te echaré de menos, si te vas. Por eso huyo, querido amor de mi vida; huyo, porque si desapareces, yo desapareceré contigo; para siempre.
- ¿Puedo decirte algo?
+ Sí, dime.
- Tú huyes, porque no quieres enamorarte de mí; desapareces por esa razón. En cambio, yo, te busco por todos lados, porque si desapareces, siento que me falta el aire. ¿Y sabes por qué razón?
+ ¿Por qué?
- Porque yo, sí estoy enamorado de ti. Y nunca te abandonaré, amor.

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