- ¿Cómo estás?
+ Mal, ¿cómo voy a estar?
- Pues no sé; bien...
+ Ya claro.
- Alegra esa cara.
+ Tan fácil.
- No digo que sea fácil, pero es que tú no puedes estar mal.
+ ¿Por qué no?
- Porque nadie merece la pena, como para hacerte sufrir así.
+ ¿No? ¿Ni siquiera tú?
- Yo el que menos.
+ ¿Por qué?
- Porque eres una persona muy bella, tanto por dentro como por fuera. Eres perfecta. Y yo, soy el culpable de esas lágrimas que caen. No merezco la pena, hay muchísimos mejores, sigue adelante. No sirvo para nada. Algún día serás feliz con otro, y ese día, me darás las gracias.

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