lunes, 4 de abril de 2011

No me equivoco, lo sabes.

+ Tengo unas ganas tremendas de llorar.
- Llora.
+ No.
- ¿Por qué?
+ Porque aún, me queda un poco de dignidad.
- Para lo poco que te queda, ya lo puedes derramar de esa manera; y así, te desahogas.
+ No, la voy a mantener.
- ¿Para qué?
+ Para demostrarte que soy fuerte.
- ¿Demostrarme, a mí? Te equivocas, ¿no?
+ ¿Por qué tendría que equivocarme?
- Porque debes demostrárselo a quien te hace llorar.
+ Ah.
- Entonces, ¿te ha quedado claro?
+ Sí. Pero...
- ¿Qué pasa?
+ ... Sigo sin equivocarme.

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