Tenemos la mala costumbre de poner “fin” a las relaciones; la mala costumbre de decir: “se acabó”, a la primera de cambio. Tenemos la mala costumbre de engañarnos a nosotros mismos en todos estos momentos. Porque al fin y al cabo, pasa el tiempo, y te das cuenta de un pequeño detalle; y es que ese amor, nunca murió. Cuando una relación llega a su “fin”, no es un fin para siempre; es un fin temporal. Porque en este momento, el amor no se acaba, sino que fluye, se eleva por el aire, hasta verlo desaparecer. En ese momento, todos lo dan por perdido, todos creen que se ha ido para siempre. Pero quien sabe. Quien sabe si un día el viento soplará tan fuerte, que devolverá todo el amor que un día hubo; quien sabe si los sentimientos que daban por muertos, vuelven duplicados. ¿Quién sabe? Nadie. Nadie lo sabe. Pero tenemos la mala costumbre de creer saberlo todo, aunque realmente, todo está por venir.

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